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Francisco Xosé Domínguez Solo en lo profundo de la memoria conservan las flores la frescura de antaño. La humanidad termina en cada brote, en cada piedra de sal que se colmata, cada acopio calcáreo, cada llanto. Un nombre no pronunciado en cada boca, es el silencio final que nos apaga. Escribo con la urgencia de lo que caduca, una canción por siempre silenciada. Es un indicio bermejo el horizonte una luz efímera, rojiza, que callará de pronto, para siempre.
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